Centro Cívico de Zabalgana


La idea principal de la propuesta es la articulación de todos los espacios mediante una calle que es la columna vertebral del edificio. Todos los distintos elementos del variado programa de necesidades se resuelven de forma independiente pero la calle les da conciencia de ser un solo proyecto.

Buscamos líneas cartesianas, minimalismo, cubos blancos, que se pueden abrir como las cajas metafísicas de Oteiza. La madera es el otro material que, a la vez que sirve de estructura, vértebra todos los volúmenes introduciendo un módulo que da euritmia a todo el conjunto.

El color blanco y la madera rubia son los ingredientes que conforman un fondo neutro para que la gente y la luz sean los protagonistas.

El exterior, la solidez, resistencia y escaso mantenimiento del hormigón contrasta con la calidez de la estructura de la madera interior.

El espacio de distribución coincide con el vestíbulo y cumple a la perfección varias funciones: encuentro, circulación, exposiciones, información etc.

Todo esto coincide perfectamente con la idea de un centro cívico como edificio de centralidad en su barrio dónde se integran y conjuntan programas y servicios sociales, culturales, deportivos y de atención ciudadana, permitiendo un uso familiar e intergeneracional.

La visión exterior que pretende transmitir el edificio es de unidad. Para distinguirnos de la disparidad de materiales delos edificios circundantes el Centro Cívico se compone de una serie de volúmenes blancos, serenos, que se apoyan en torno al gran corredor central.